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Desde ciertas perspectivas, un río contaminado, un venado de las pampas cazado furtivamente y un perro atropellado a la vera de una ruta parecerían problemas aptos de ser incluidos en un mismo conjunto. La idea de este artículo es romper este conjunto para ver cuáles son las figuras que luego se pueden armar jugando con sus piezas.

El primer martillazo que astille el conjunto debemos darlo cuidadosamente para separar al perro de los otros dos. El perro, un animal doméstico –como opuesto a silvestre- y exótico –como opuesto a autóctono- es un desvelo de aquellos que forman fila detrás del cartel de “animalismo”. Para este grupo toda vida tiene valor equivalente y es digna de ser salvada. Ya veremos que este imperativo moral puede resultar problemático.

Foto: Hugo Gribman - Venado de las pampas: sólo restan alrededor de 2.000 individuos en la argentina dispersos en pequeñas poblaciones.

El segundo martillazo ya es más complicado, casi quirúrgico, y debe separar al río del venado por una línea de fractura casi invisible al ojo humano, y es la que separa los ambientes prístinos y a las especies de valor especial de los servicios ambientales. En el fragmento del venado van a estar las especies nativas y los ecosistemas o paisajes en donde el zapato del hombre no se ha posado y sus diabluras no han causado espanto, o no con la fuerza suficiente como para dejar marcas notables. Las áreas silvestres en buen estado y las especies nativas amenazadas van a ser el desvelo de los “conservacionistas” –nuestro segundo grupo-. Ahora, si tomamos por separado el fragmento “río”, puede que no nos interese tanto su paisaje como la calidad de sus aguas. Puede ser un río de llanura en un área ya totalmente transformada pero que pese a lo antropizado (modificado por el hombre) de su entorno, de sus aguas dependan comunidades humanas, o ciertas actividades económicas cruciales como la producción de alimentos. A esto se lo llama “servicios ambientales”, que son beneficios que los ecosistemas le brindan al hombre, y bajo este paraguas, al resto de las especies también. En su defensa, así como en la de la calidad de los suelos, la atmósfera, la mitigación del cambio climático, se enrolan los “ambientalistas”. Vale aclarar: todo conservacionista es un ambientalista pero no viceversa, el ambientalismo es un conjunto amplio que implica lo silvestre y lo no tanto. Se puede ser conservacionista donde queda algo que preservar, se es ambientalista cuando se trabaja en pos del resguardo de las bases mismas que permiten la vida –humana y del resto- en la Tierra.

Suele haber incluso peleas entre grupos, sobre todo entre conservacionistas y animalistas. Casi típico: los venados de las pampas y los perros. Los perros, sean cimarrones o expedicionarios nocturnos desde un pueblo cercano, hacen estragos en la fauna silvestre. Así de claro y rotundo: estragos. Nuestra fauna autóctona no evolucionó para coexistir con cánidos como los perros, incansables cazadores en manada. Nuestras especies silvestres saben escapar de ataques de felinos: gatos varios, pumas y jaguares, que cazan mediante emboscada pero no son grandes corredores. Cuando un conservacionista que trabaja protegiendo al venado de las pampas ve a una jauría suelta en un campo, suele comenzar a soñar despierto con tener una escopeta a mano para evitar la catástrofe en ciernes. El cuidado responsable de las mascotas, la castración y la eutanasia de los perros pescados in fraganti son las herramientas preferidas. Esto último un animalista no puede digerirlo y comienzan largos debates sin que aun hayan encontrado una síntesis virtuosa que deje contento a todos, incluyendo perros y venados. Este dilema se da mucho en estos tiempos turbulentos, por ejemplo entre gatos asilvestrados versus todo lo demás en Australia, entre visones y macás tobianos en las mesetas santacruceñas, entre castores y bosques de lengas en Tierra del Fuego, y la lista sigue. Estas disputas cobran más dramatismo con la tan humana costumbre de negar y ocultar a la muerte. Controlar una especie exótica acarrea su muerte, no hacerlo acarrea la muerte de especies nativas. Hay que elegir.

estornino

Foto: Hugo Gribman - Estornino pinto - Especie exótica. Nativa de Europa y Asia considerada una de las especies de aves invasoras con mayor éxito de colonización en el mundo.

Otro concepto que da problemas es el de cambio, característica propia de la naturaleza que genera complicaciones en el mundo del conservacionismo. ¿Cómo conservar algo que tiene como característica principal el cambio? Este dilema, al menos desde lo conceptual, es más fácil de resolver. Uno puede decir que conservar es mitigar la incidencia humana en los procesos naturales… Mucho más claro de enunciar que de hacer, pero la ciencia da una mano muy grande en separar la paja del trigo.

Con esto podemos dar fin al juego de nuestro rompecabezas dinámico. Hemos podido construir con cierto éxito los conceptos de tres maneras nobles de ponerse en defensores de la vida: animalistas, conservacionistas, ambientalistas. Algunas herramientas pueden parecer más precisas para cuidar un mundo que estamos mandando al tacho con esmero notable, pero cualquiera que se desvele en defender a lo que vive contra las pretensiones codiciosas de muchos de nuestros prójimos, tiene el corazón en el lado correcto.


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